martes, 30 de noviembre de 2010

Un dia mas, un dia menos

Amanece nuevamente en Lima, las calles llenas de personas, trafico infernal que hierven la sangre, pero absolutamente vacías de alguien. Alguien especial, alguien con quien compartir sueños, aventuras, victorias, dichas y glorias.
Lo que mas abundan son las ganas de hacer hígado y de destruir todo a nuestro paso con tal de que la travesía al trabajo se haga en el menor tiempo posible. Allí, metido en toda esta mierda estoy, sumergido en un martes.
Obligado a cortar el único momento glorioso de la vida, sacado del lugar donde los sueños se hacen compañía, donde la realidad no existe y todas las cosas mas locas de la vida (o contradicción) se hacen bien ensueño o bien pesadilla. Pero ya estamos despiertos, yo y mis ganas de no querer levantarme a este imperfecto mundo. Pero aquí estoy jodido con todo y con la desilusión a flor de piel.
Llorar ya no tiene sentido por tanta injusticia; las lagrimas ya no calman el dolor estúpido que envuelven las venas y arterias, sino que ademas, ya no calman las heridas del alma.
Tal vez lo que me pasa no empezó hoy día, quizás sea una recopilación de acontecimientos y sentimientos hurgados en la amargura de tiempos pasados. Pero aquí estoy, jodido hasta la coronilla.
Los gritos no se hacen esperar, las mentadas de madres, carajos y mierdas de una sociedad que piensa arreglarlo todo con una simple palabra. Es que en honor a la verdad, el poder de la palabra cala tanto en los seres que tienden a quedarse allí, donde mas jode, en la mente.
El tiempo, eso que nunca se detiene y que por mas que quisiéramos siempre hace falta y que en momentos como este, nunca termina de pasar, también se colude en contra.
Por fin llegamos a la mata del asunto, al cruce con la vía principal, donde por un lado (el mas grande) rompen pistas y donde la única ruta de desfogue es cerrada por estos idiotas llamados: "trabajadores de la municipalidad", es que hay que ser un retardado mental para cerrar aquel callejón donde los mas valientes osarían cruzar si no quieren esperar toda una eternidad.
La vida se nos va, pero a quien le importa eso mas que aquel que se pone a pensar que solo hay una oportunidad para hacer las cosas, te mueres y listo, no hay mas.
Tratando de abrirse camino para poder cabecear en aquella interminable fila de motores, esta el loco soñador que al parecer despertó de un susto a la realidad; pero al parecer no soy el único que anda con la cabeza en otro lado. Ella también está perdida, divagando en sus pensamientos, en sus problemas y simplemente salio rauda a caminar sin percatarse de la lucha de este sujeto por ganarse un sitio en esa cola infernal. Piso el acelerador, fijándome de no chocar, pensando en que si apenas rozo otro auto, el coas si que nunca acabará y terminaría con una embolia cerebral.
Ella inmersa en su mundo y con la cabeza gacha como quien quiere ver en donde pisa para no caer nuevamente, cruza la vía. Aquí si tengo que agradecer al tiempo, aunque parezca una eternidad se que en ese solo segundo al verla agarrando el parachoques delantero, pude quitar el pie del acelerador y hundirlo hasta el piso en el freno; sus dos manos terminaron estrellándose en el capó. Todo fue silencio, el sonido me asustó, no sabia que hacer, ella lentamente se levanto, acomodo su mochila en el hombro izquierdo, se reincorporó, me miro sin ningún sentimiento y continuó su camino. Como no estaba solo (lastima) los gritos y reclamos de los acompañantes por el susto subieron de tono. Al fin y al cabo la culpa no fue de ella, hasta podría decir que la culpa tampoco fue mía, ¿por que tenemos que buscarle culpables a la vida?; no sabemos que es lo que a ella le sucedía. El problema es que: como ella iba caminando, ella tiene la culpa, pero si nosotros caminamos y alguien osa apuntarnos con el carro, la culpa es del carro. Estoy podrido de esa conveniencia de la gente, de llamar zorras y cabros al resto, de no verla paja en el ojo de uno y percatarse a detalle del ojo ajeno. Así nunca vamos a avanzar, así siempre estaremos metidos en la mentalidad tercermundista en la que el resto tiene la culpa y uno es el sufrido.
Había tanto ruido en ese carro, aullidos, ladridos y cacareos desafinados que podías volverte estéril de solo escucharlo, hacían mas bulla que perro en terremoto, era insoportable, quería dejarlo todo, apagar el carro e irme de allí corriendo, ¿a donde?, a donde mierda sea, pero correr sin detenerme, correr hasta llegar al fin del mundo y ver al filo del acantilado si valía la pena surcarlo. Pero de alguna forma me quede allí sentado a punto de estallar, a solo un segundo de explotar la bomba nuclear, algo cortó el cable azul y detuvo la hecatombe. Creo que fue el escuchar dentro de mi, muy al fondo, la risa de aquella princesa que no se anima a ser reina, de aquello que le daba tan tanta calma a mis desgracias, de aquella energía que calla y amansa hasta las bestias mas fieras y yo, todo una bestia, caí rendido y vi a todos lados intentando hallar el origen de su dulce voz. Pero nunca estuvo y tal vez nunca estará, poco a poco pierdo las esperanzas y aun que ella misma me dijo que tengo que luchar, sin su apoyo todo el reverendo planeta es una mierda. Para que luchar, para que trabajar, cual es el sentido de todo lo que construimos si nadie la va habitar. Se pueden ir todos al diablo, hoy no me importa, que se caiga el techo sobre mi cabeza y que me reviente la mitra de tanto pensar, que se puede hacer, sangrará, pero los glóbulos blancos que hay en la sangre harán su trabajo y calmara la hemorragia dejando de sangrar y suturará naturalmente las heridas y si no, pues que mas me da.
Al ver todas esas caras, al rededor, ocupando todos los asientos de los pasajeros, sabia que no les podía faltar el respeto para hacerlos callar, tenían un lugar o grado privilegiado en la familia, así que no se me ocurrió mejor idea que levantar el volumen de la radio y así combinar todos los sonidos haber si algo resulta. Se callaron, pero esta vez, eran ellos los que se desvivían por callarme, cosa que no entendía por que ni había abierto la boca siquiera.
"Que te pasa", me dijo el mas antiguo de la familia apagando el radio casi sacándolo de su sitio, con lo que me costo adaptarlo allí. No se si fue una pregunta o me lo decía (por su tono de grito) en reproche.
Mire hacia los lados y aquella mujer había desaparecido, quería disculparme por lo ocurrido, le llovieron mas insultos a la pobre que me sentí avergonzado.
Nuevamente el silencio del momento se vio inundado de ruidos de sirenas y claxon de todos los carros y regresamos a lo mismo, como si hubiera habido un paréntesis universal y todo volvió a ese caos infernal...

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